Columna Datavoz – GPS Ciudadano
¿Habrá perspectivas de movilización al inicio de la nueva administración? Ésa fue la pregunta que guio nuestra indagación en esta versión del GPS Ciudadano. Y lo que las personas nos dicen permite decir que existe bastante coincidencia en que es probable que ocurran protestas, pero hay diferencias sustantivas en cómo se evalúan, cuánta legitimidad se les concede y qué tipo de respuesta debería dar la autoridad. En este reporte ordenamos los clivajes más claros: Nivel socioeconómico, edad y, en menor medida, género.
Una tensión que cambia según la posición social
Cuando se pregunta por el clima social, hay alta coincidencia que el clima está algo o muy tenso (80%), pero la primera fractura aparece al ver diferencias en el eje socioeconómico. En los sectores bajos, casi la mitad (45%) describe el país como “muy tenso”. En los grupos altos, en cambio, esa proporción cae con fuerza (21,8%), mientras aumenta la percepción de un entorno relativamente tranquilo. La distancia es importante porque sugiere experiencias cotidianas distintas del orden social y de su fragilidad.


Por otro lado, fuera de la Región Metropolitana aumenta la proporción que percibe el clima como relativamente tranquilo (21%). Las diferencias no alcanzan para hablar de dos países separados, pero sí de una diferencia perceptible en la temperatura del diagnóstico. En Santiago, donde el conflicto es más visible e inmediato (lo consideran algo tenso un 51,2% y muy tenso un 33,1%), la percepción se endurece.

La edad agrega otra capa a estas percepciones. El patrón no es lineal, aunque sí muestra un punto de concentración en los grupos de mediana edad, donde la opción “algo tenso” adquiere más peso (57,9%). Esa categoría importa porque condensa una inquietud persistente, menos dramática que la idea de crisis abierta, pero más extendida y probablemente más estable.

Estos datos sugieren una ciudadanía que está a la expectativa de altas tensiones sociales en el futuro inmediato. Pero el cómo se evalúa ese escenario presenta diferencias sustantivas. Veamos.
Se espera conflicto, pero no se lo lee de la misma manera
Primero, las expectativas de movilización muestran bastante acuerdo: se esperan protestas pronto, pero con mayor fuerza en la Región Metropolitana. En regiones aparece una leve mayor proporción de quienes creen que no habrá movilizaciones, pero el cuadro general es de convergencia en que sí habrá. Es decir, la posibilidad de conflicto social explícito forma parte del horizonte común compartido.


Ese acuerdo se estrecha cuando la pregunta cambia hacia medir el carácter de las movilizaciones. Entre los jóvenes aumenta la proporción de quienes las imaginan como pacíficas (60,3%). Entre los grupos de mayor edad crece la percepción de que serán violentas. En el tramo de 45 a 54 años esa visión alcanza uno de sus puntos más altos (48,4%).


La diferencia es sustantiva. Para algunos, la protesta es una forma de expresión social, aunque pueda contener desbordes. En cambio, para otros, el foco está puesto en el desorden, en el daño y en la amenaza al funcionamiento normal de la vida colectiva. Esa brecha pesa porque organiza el juicio político posterior en torno a los temas de seguridad y orden público.
El grupo socioeconómico también deja una huella, aunque por otra vía. En los sectores bajos aumenta la proporción que cree que no habrá movilizaciones. Ese dato no sugiere necesariamente un mayor optimismo. Más bien podría reflejar que el conflicto no ocupa el mismo lugar simbólico o que otras urgencias desplazan esta pregunta a un segundo plano.

La protesta se reconoce más de lo que se abraza
Cuando se pasa de la percepción a la disposición personal a participar, el panorama cambia con claridad. Entre los jóvenes, aunque predomina la distancia respecto de la movilización, esa distancia es menos categórica. Al indagar si participarían, en ellos crece la respuesta “probablemente no”.
En los grupos mayores, el rechazo a la participación aumenta. La opción “definitivamente no” aumenta de manera sostenida con la edad y supera con holgura los dos tercios en algunos tramos. El dato importa porque muestra una sociedad que reconoce la posibilidad del conflicto, pero que no se imagina a sí misma participando activamente en él. Es decir, el malestar no parece estar desembocando automáticamente en acción colectiva.


Aquí conviene detenerse un momento. La distancia entre percepción y participación ayuda a entender algo más amplio sobre el Chile actual. El conflicto está presente como referencia, como expectativa y como posibilidad. Pero eso no significa que exista una disposición extendida a asumir sus costos. Entre una cosa y otra hay cautela, fatiga o simplemente distancia.
La autoridad también divide
Finalmente, preguntamos por la autoridad ¿Qué esperan de la autoridad en estos casos? Ante esta pregunta se vuelve a observar diferencias relevantes. La respuesta más común es “controlar el orden” (38,8%), pero ninguna de las opciones es mayoritaria. Por un lado, las mujeres abogan más por estrategias de contención y diálogo que los hombres.


La edad vuelve a ser decisiva. A medida que esta aumenta, crece la preferencia por el uso de la fuerza para controlar el orden. Entre los más jóvenes esa opción tiene menos respaldo. En los grupos de mayor edad pasa a ocupar un lugar central. El clivaje es claro y tiene consecuencias políticas. Habla de disposiciones distintas frente a la autoridad, al riesgo y al valor asignado al orden.

El punto es importante porque aquí se cruzan diagnósticos morales y juicios prácticos. Para algunos, el conflicto debe ser procesado y encauzado. Para otros, debe ser contenido con firmeza. Ambas visiones están presentes en la sociedad chilena. Lo relevante es que no se reparten homogéneamente.
Una sociedad que comparte el pronóstico, pero no el marco
En suma, los resultados forman un cuadro bastante coherente en la percepción ciudadana al iniciar un nuevo período presidencial: hay una expectativa generalizada de que habrá movilizaciones, pero surgen diferencias en la forma de leer la protesta, en la disposición a involucrarse y en la respuesta esperada del Estado frente a ellas.
La variable que organiza estas diferencias es el nivel socioeconómico. Por su parte, la edad estructura la mirada sobre la legitimidad del conflicto, la disposición a participar y el tipo de autoridad que se espera. Y, el género introduce una diferencia más acotada, aunque estable, en la preferencia por estrategias de diálogo. Lo que para unos es una demanda que debe canalizarse, para otros es una amenaza que exige control.
Esa diferencia obliga a mirar con cuidado lo que viene. El punto no está solo en cuánta movilización habrá, sino en qué condiciones permitirá ser procesada sin ampliar las brechas ya existentes.
- Diseño de investigación: Estudio cuantitativo no probabilístico. Encuesta online vía correo electrónico
- Universo: Personas de 18 años y más que poseen un correo electrónico.
- Marco muestral: Base de datos de aproximadamente 1.000.000 de correos electrónicos de personas que habitan en el territorio chileno.
- Muestra: 1.293 entrevistas web.
- Ponderación: Ajuste post-encuesta considerando Región, Sexo, Edad, Nivel educacional, GSE, Tipo de vivienda y Cantidad de miembros del hogar (Hogares unipersonales). Los parámetros poblacionales de Región, Sexo y Edad fueron obtenidos las proyecciones de población para el 2025 realizadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Los parámetros de nivel educacional, GSE y Tipo de vivienda provienen de la base de datos de encuesta CASEN 2022, utilizando el factor de expansión regional. El parámetro de hogares unipersonales utilizado proviene del CENSO 2024.
- Tasas de contacto: 14,4% (corresponde a la proporción de correos abiertos respecto de los enviados)
- Tasa de respuesta: 5,6% (corresponde a la proporción de encuestas respondidas sobre el total de correos abiertos)
- Método de muestreo: Muestreo aleatorio simple sobre marco muestral disponible.
- Periodo de terreno: 16 al 24 de Febrero de 2026.




