Respuestas para todos, buenas preguntas para pocos: investigar en tiempos de inteligencia artificial

Por Rodrigo de La Riva | Socio Director de Activa y Director de AIM Chile. Las opiniones expresadas son a título personal.

Respuestas para todos, buenas preguntas para pocos: investigar en tiempos de inteligencia artificial

La irrupción de la inteligencia artificial está transformando profundamente nuestra industria. Hoy podemos procesar grandes volúmenes de información, identificar patrones, analizar discursos y generar reportes en tiempos que hace pocos años parecían impensables. Qué duda cabe de que estamos frente a una revolución tecnológica que abre enormes oportunidades para la investigación de mercados.

Sin embargo, esta transformación también nos invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿tener acceso a herramientas capaces de entregar respuestas significa necesariamente tener la capacidad de investigar? Esta distinción es particularmente relevante para el futuro de nuestra industria, ya que investigar no consiste simplemente en recopilar información, procesar datos o generar indicadores. Investigar es un proceso de construcción de conocimiento que comienza mucho antes del levantamiento de información. Comienza cuando somos capaces de comprender el problema que enfrenta una organización, identificar sus brechas de información y formular las preguntas que realmente necesita responder para tomar mejores decisiones.

En mi formación y experiencia, uno de los principales aportes de un investigador no está necesariamente en responder lo que el cliente pregunta, sino en ayudarlo a descubrir qué necesita verdaderamente saber. Porque una investigación metodológicamente impecable, pero diseñada para responder una pregunta equivocada, puede terminar siendo perfectamente inútil.

Es aquí donde la inteligencia artificial encuentra tanto su mayor oportunidad como sus principales limitaciones. Puede ayudarnos a explorar hipótesis, identificar tópicos emergentes, procesar información no estructurada y profundizar nuestros análisis. Pero la velocidad con que obtenemos una respuesta no garantiza su validez, pertinencia ni utilidad para el negocio.

Por eso, para aprovechar realmente estas herramientas, debemos conocer y dominar el proceso de investigación. Saber qué metodología utilizar, qué información necesitamos, cómo obtenerla, qué sesgos debemos controlar y cuáles son los límites de las conclusiones que podemos formular. En otras palabras, para utilizar bien la inteligencia artificial en investigación de mercados, primero hay que saber investigar.

Este escenario también plantea interrogantes sobre el futuro de las empresas de investigación. Si las organizaciones cuentan con herramientas cada vez más sofisticadas y sus equipos internos pueden analizar información con mayor autonomía, ¿seguirán necesitando especialistas externos?

La respuesta no puede construirse desde una defensa corporativa de nuestra actividad, sino desde el valor que efectivamente aportamos.

Las empresas de investigación acumulamos una experiencia que trasciende el conocimiento de una herramienta o una metodología particular. Trabajamos con múltiples industrias, modelos de negocio, segmentos de consumidores y realidades competitivas. Esa perspectiva transversal nos permite reconocer patrones, contrastar comportamientos y comprender fenómenos desde una mirada que difícilmente se desarrolla observando exclusivamente una organización.

A ello se suma el conocimiento del contexto en que se desenvuelven los mercados: sus transformaciones económicas, sociales, culturales y tecnológicas, así como la evolución de las expectativas y comportamientos de las personas. Porque los datos no tienen significado al margen de su contexto. Un mismo resultado puede representar una señal de alerta, una oportunidad o una consecuencia esperable dependiendo de la industria, del momento y de las condiciones en que se produce.

Esta experiencia no sustituye el conocimiento que las empresas tienen de sus propios clientes. Lo complementa, lo desafía y en consecuencia lo enriquece.

Por supuesto, nuestra industria también debe evolucionar. Muchas tareas que históricamente realizábamos están siendo automatizadas y debemos aprovechar esa oportunidad para dedicar más tiempo a comprender los problemas, diseñar mejores investigaciones y generar conocimiento verdaderamente relevante.

El desafío, en definitiva, no es competir con la inteligencia artificial, sino integrarla con criterio, rigurosidad metodológica y experiencia. Porque en un mundo donde obtener respuestas será cada vez más rápido y sencillo, el verdadero valor estará en saber qué preguntar, cómo investigar y qué decisiones podemos fundamentar con el conocimiento obtenido.

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