Nicolás Fritis, CEO de Ipsos: “No podemos simplificar a las generaciones como si todas fueran una misma cosa”

En el marco del Foro Tálanton “El fin de las generaciones aisladas”, el CEO de Ipsos, empresa asociada a AIM Chile, presentó datos globales y locales sobre los cambios demográficos y laborales que atraviesa Chile. Su llamado fue a dejar atrás los estereotipos generacionales para comprender mejor las etapas de vida, las necesidades y las decisiones de las personas.

Nicolás Fritis, CEO de Ipsos: “No podemos simplificar a las generaciones como si todas fueran una misma cosa”

Las etiquetas generacionales, boomers, millennials, generación Z, son útiles para describir tendencias, pero no alcanzan para explicar lo que viven, necesitan o esperan las personas. Esa es una de las conclusiones centrales del trabajo de Nicolás Fritis, CEO de Ipsos, empresa socia de AIM, presentado en el Foro Tálanton “El fin de las generaciones aisladas”, realizado el martes 21 de octubre en la SOFOFA. 

El encuentro, organizado por la Corporación Tálanton, reunió a especialistas, representantes del mundo público, las empresas y la academia para abordar los desafíos de una sociedad que envejece y en la que conviven hasta cinco generaciones en los espacios de trabajo.

La instancia también tuvo un vínculo especial con AIM Chile a través de Maribel Vidal, socia fundadora de Tálanton e integrante del Comité de Ética de AIM, instancia encargada de velar por el cumplimiento de los estándares de ética y calidad de la asociación. Desde su rol en Tálanton, Vidal fue parte de la organización de este foro, que promovió una conversación sobre los desafíos de la longevidad y la integración generacional.

Para Fritis, es clave distinguir entre tres dimensiones: los efectos propios del ciclo de vida, los acontecimientos de un período histórico y aquellos rasgos que sí pueden estar asociados a una generación determinada. “Las generaciones son un concepto que se utiliza mucho, pero no siempre son capaces de explicar los fenómenos que están viviendo los ciudadanos y las personas”, planteó.

Un país que envejece y una economía que debe adaptarse

Uno de los hallazgos más relevantes de la presentación tiene que ver con el cambio demográfico. “En diez años más, el 30% de la población va a tener más de 60 años”, advirtió Fritis. La baja sostenida de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida están transformando las dinámicas de consumo, empleo y desarrollo económico, obligando a las empresas a revisar modelos de negocio históricamente orientados a los segmentos más jóvenes. “Va a haber menos jóvenes”, señaló, recordando que las empresas deberán comprender mejor el peso económico, las expectativas y las necesidades de las personas mayores.

Chile, además, lleva cerca de veinte años de adelanto en su transición demográfica respecto de otros países latinoamericanos, lo que lo posiciona como un potencial mercado de prueba para soluciones orientadas a una población más envejecida, que luego puedan adaptarse a otros mercados de la región.

Fritis llamó también a abandonar la idea de que las personas mayores de 60 años son un grupo homogéneo. Sus niveles de salud, autonomía, ingresos, actividad física, conexión digital y relación con la tecnología son muy diversos. Los describió como “omnigenarios”: personas que pueden seguir activas, aprender y desarrollar nuevos proyectos por más tiempo. Esa diversidad cuestiona además uno de los estereotipos más extendidos: que las personas mayores rechazan la digitalización o la automatización. “El problema de la atención automatizada no es la tecnología, es que las máquinas todavía no han sido capaces de entender muy bien nuestras necesidades”, afirmó, subrayando que esa preferencia por la atención humana no es exclusiva de quienes tienen más edad.

Más allá de los extremos: la presión sobre los millennials

La presentación también puso el foco en los grupos que suelen quedar fuera de la conversación. Mientras gran parte de la atención pública y comercial se concentra en la generación Z o en los mayores de 60 años, los millennials ocupan hoy una parte significativa de la pirámide poblacional y sostienen buena parte de la actividad económica.

Muchos atraviesan una etapa marcada por la crianza, el pago de vivienda, la educación de los hijos, las responsabilidades domésticas, el ahorro previsional y, en algunos casos, el cuidado de padres que envejecen. Fritis describió a este grupo como quienes están “atrapados en el medio”: personas que deben responder simultáneamente a necesidades de cuidado, ingresos y desarrollo profesional. Esa presión, sostuvo, no responde solo a una identidad generacional sino al momento vital en que se encuentran, y exige que el análisis generacional se complemente con una comprensión más profunda de las trayectorias de vida.

Lo que las generaciones tienen en común

En el ámbito laboral, los datos presentados por Ipsos cuestionan la creencia de que cada generación tendría expectativas radicalmente distintas respecto de sus empleos. Si bien existen diferencias en la manera en que las personas perciben el respeto, las oportunidades o su momento de carrera, las necesidades de fondo son ampliamente compartidas. “Independiente de la generación, lo que las personas buscan en el trabajo no tiene diferencias significativas”, señaló Fritis. El reconocimiento, la seguridad psicológica, la claridad estratégica, la inclusión y el orgullo por la organización aparecen como factores transversales a todos los grupos etarios.

Para las organizaciones, esto implica que los estereotipos no pueden reemplazar el análisis. Más que diseñar soluciones rígidas para “jóvenes”, “millennials” o “personas mayores”, el desafío es crear rutas de desarrollo visibles, oportunidades de aprendizaje y reinvención, y condiciones de flexibilidad que acompañen carreras cada vez más largas y diversas.

Al cerrar su presentación, Fritis sintetizó el mensaje central: “Hay que ser más analíticos, no podemos simplificar a las generaciones como si todas fueran una misma cosa”. Para la investigación de mercados —ámbito central del trabajo de Ipsos y del ecosistema que articula AIM Chile— las categorías generacionales pueden ser un punto de partida, pero no debieran transformarse en respuestas automáticas para interpretar los cambios sociales, diseñar productos o tomar decisiones dentro de las organizaciones. “Comprender a las personas exige mirar los datos con contexto”, finalizó.

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